jueves, 31 de julio de 2008

Red Boots

Capítulo 6

Caroline se despierta más tarde de lo que había pensando, aunque aún con la idea de ir a ver a Pete para hablar. Se ducha, se viste y se dirige hacia su casa. Va por la calle escuchando música cuando alguien le da un toquecito en la espalda, se gira y ve a una chica alta, morena y con unos grandes ojos castaños.

-Perdona, tú tienes que ser Caroline ¿verdad?- pregunta

-Sí, ¿y tú quién eres?

-He oído hablar mucho de ti y sólo voy a decirte una cosa; aléjate de Nick, él no te quiere.

-¿Y tú quién coño eres para decirme esto?

-Soy Laura, su novia.

-Nick no tiene no novia.

-¡Ala! Ahora la niñita sabe más que nadie…mira guapa si no quieres problemas conmigo aléjate.

-Y si eres su novia ¿por qué nunca estás con él? Porque yo nunca te había visto.

-¿Acaso estás metida en su cama todas las noches?

-¡Serás zorra!

-Ja, ja, ja. ¡Oh! Pobrecilla…quieres ir a la cama de Nick ¿eh? Pues vete olvidando porque Nick es mío.

-Paso de ti.

Caroline sale corriendo con lágrimas en los ojos hacia casa de Paul para contarle todo.

-Te lo dije Caroline, no te fíes de Nick…aunque vamos la guarra esta tiene que tener más cuernos que Bambi- dice Paul.

-Tienes razón Paul, he sido una idiota, Debería haberte hecho caso, no debería ni haberme fijado en él, será cabrón. Pero bueno, con todo esto ya me he dado cuenta de cómo es realmente y sinceramente después de todo y con el e-mail que me mandó ayer Pete…he empezado a replantearme muchas cosas.

-Ehm… ¿Qué e-mail?

-¡Ay! No te lo dije, es que Pete me envió un e-mail pidiéndome perdón y una segunda oportunidad porque dice que lo gusto mucho y quiere que sepa como es el de verdad. De hecho, iba para casa de Pete cuando me pasó todo esto.

-Ays Caroline si es que eres una rompecorazones- dice Paul con una graciosa mueca.

-De eso nada, aquí la que tiene el corazón roto soy yo.

-Tú tranquila que Pete estará gustoso de arreglártelo.

-Que malo eres, ja, ja, ja.

-Si malo…ya veremos que pasa cuando vayas a ver a Pete. Yo te digo que vosotros dos termináis juntos y la verdad que casi me alegro. Aunque sea un maníaco que está obsesionado contigo y sólo te conoce de 3 días…lo prefiero.

-Es verdad, al principio me daba miedo porque yo eso de que te guste alguien a los dos segundos de conocerlo…pero es que por otra parte, yo sentí algo extraño cuando lo vi tocando la guitarra.

-Vamos, que te ponerle verle mover los dedos…

-¡Que guarro eres! Ja, ja, ja.

-Sí, si tu espera y verás…

-Oye Paul, y tú ¿no vas a salir nunca con nadie?

-¿Yo? Con lo tranquilo que estoy yo, a mí déjame de líos que bastante tengo con los tuyos.

-Pues todas las tías de mi instituto piensan que eres bastante guapo.

-¿Y quién dice que no lo sea? Ja, ja, ja. Pero que no, yo paso de niñatas, soy un espíritu libre que va vagando por la soledad de la soltería.

-Anda que eres tonto.

-No, la tonta eres tú por querer novio.

-A ver yo no quiero, si surge, surgió.

-Pues ala, vete a casa de Pete a ver si surge.

-Ya es muy tarde, esta tarde me llego. Por cierto, te invito a comer a mi casa.

-Encantado señorita rompecorazones.

Caroline le da un cate a Paul que hace una mueca de dolor y ambos se dirigen hacia casa de Caroline para comer. Cuando terminan de comer, se ponen a tocar y a ver la tele hasta que Caroline decide ir a casa de Pete y Paul se marcha a su casa.

Llega a casa de Pete y llama a la puerta, por suerte es él quien abre. Está vestido solamente con una toalla y tiene el pelo mojado. Caroline se queda asombrada al ver su cuerpo, no se lo esperaba así, tan musculoso.

-Hola Caroline. No te esperaba por aquí.

-Ya veo…Lo siento, si es un mal momento me voy.

-No, tranquila, es que acabo de salir de la ducha. A que te gusto ¿eh? Ja, ja, ja.

-Hombre, no estás mal.

-¡No me lo creo! Repite eso.

-Hombre, no estás mal.

-Ja, ja, ja. Pequeña Carol veo que algo surge en tu interior.

-Sí, las ganas de vomitar.

-Ya le has quitado toda la magia al momento. ¡Sosa!

-Oye, ¿pero cómo que sosa? Con lo divertida que soy yo.

-Demuéstralo. Venga, pasemos y me lo demuestras.

Caroline entra en la casa y sigue a Pete hasta su cuarto.

-Oye, ¿cuándo me vas enseñar tu pequeño santuario?

-Cuando seas mi novia.

-Entonces me da, que me quedaré sin verlo.

-Nunca digas nunca.

-¡Gracias Pepito Grillo!

-¡Oh! Que graciosa eres, ja, ja, ja.

-Ya te lo dije que soy divertida.

-Que no, que eres una sosa.

-¡Míralo! ¡Que yo no soy sosa!

-Dame un beso.

-¿Y eso por qué?

-Para demostrarme que no eres sosa.

-Ah no, yo no tengo por qué demostrarte nada.

-Lo decía de broma tonta, para que veas que eres una sosa.

-Pues vale, lo soy. ¿Contento?

-No. Primero tengo que pedirte perdón por lo de ayer.

-Pete, no fue culpa tuya, yo me porté muy mal. No debería haberte dicho esas cosas. Lo siento.

-Bueno lo importante es que has vuelto y podremos volver a tocar.

-Deberíamos componer una canción juntos, pero una en serio.

-Mientras seas tú quien se encargue de la letra…

-Está bien, me encanta escribir. ¿Sabes que mi sueño es llegar a ser escritora?

-¿En serio? No te pega nada. Yo te veo más como cantante o algo así.

-Que va, la música sólo me gusta como hobbie. Mi verdadera pasión es escribir. Algún día te enseñaré algunas de mis historias. Bueno, casi todas son de vampiros pero no son historias corrientes de vampiros.

-¿Ah no? ¿Y cómo son?

-Pues no son las típicas historias del vampiro guapo que conoce a una humana y se enamoran. En estas historias, cuento la verdadera naturaleza sanguinaria de los vampiros, como se relacionan entre ellos, sus discusiones, sus peleas, como se enfrentan al hecho de ser vampiros…en definitiva sus vidas. Aunque no voy a negarte que no tenga alguna historia romántica también en mente.

-¿Tú crees que existen los vampiros?

-Yo…pues, sinceramente no sé que decirte. A mí me gustaría que existieran porque me parecen apasionantes pero no lo sé, nunca he visto ninguno.

-¿Y si yo fuera un vampiro?

-Vamos Pete, déjate de tonterías.

-Venga, acércame tu cuello hermosa dama.

Caroline acerca su cuello a la boca de Pete y éste le da un golpecito.

-¡Tonta! Cómo iba a ser un vampiro.

-Ya lo sabía, era sólo para ver que hacías.

-Y si lo hubiera sido ¿qué? Te conviertes en vampira.

-Pues ala, mejor para mí. Oye Pete y tú ¿a qué quieres dedicarte?

-Yo, a mí música.

sábado, 5 de julio de 2008

Red Boots

Capítulo 5

Caroline se dirige hacia su casa, en silencio y pensando. Al llegar, se encuentra a Paul sentado delante de su casa.

-¿Sigues enfadada?-le pregunta Paul.

-Tengo algo que contarte.

-Esa cara… ¿qué has hecho?

-¿Y tú que haces aquí?

-Primero responde y luego contesto.

-Pues nada, he besado a Pete, la he liado y me ha echado.

-Caroline, ¿por qué nunca haces nada bien?

-Muchas gracias Paul, eres justamente lo que necesitaba. Ya sé que no hago bien las cosas pero me doy cuenta solita, no necesito que vengas a repetírmelo.

-Está bien, perdona. Pero a ver, explícame por qué lo besaste.

-No lo sé, fue el momento, me enseñó un sitio lleno de chocolate, probé un poco y… no sé, lo besé. Es que ni siquiera entiendo por qué lo hice y claro luego le dije que no me gustaba, que había sido fallo mío y le dolió.

-Caroline, es que tu tienes una manera muy especial de decir las cosas y para entenderte hay que conocerte.

-Ya está, ¿no quería conocerme? Que mejor manera que así… De verdad, ahora no sé que hacer, me siento muy mal. Además, quien realmente me gusta es Nick, ¿por qué con el no soy así?

-Quizás no te gusta tanto como crees. ¿Y si ahora sientes algo por Pete?

-Es imposible, yo sé que no, lo que pasa que me dejé llevar por el momento. En fin dejemos el tema. ¿Quieres cenar? Te invito a pizza.

-Venga, vamos donde siempre.

Juntos comenzaron a andar en dirección a un pequeño restaurante donde les gustaba mucho ir a cenar. Estaba perdido entre unas callejuelas pero siempre estaba lleno de gente. Al llegar, se sentaron donde pudieron y mientras discutían sobre qué pedir, entraron Nick y una chica.

Paul avisó a Caroline para que mirara, Nick estaba acariciando la cara de la muchacha mientras ella ponía la mano en el culo de Nick.

-¡Cabrón! – gritó Paul

Nick se giró hacia donde estaban ellos, al ver a Caroline se quedó blanco. Caroline le lanzó una mirada de odio y Nick decidió que lo mejor sería irse. Le susurró algo a la chica al oído y salieron juntos del restaurante.

-No me lo creo Paul, dime que es mentira.

-Es verdad, estaba con otra. Te avisé, te dije que no te fiaras, que era un mierda y que te haría esto, pero no quisiste hacerme caso.

-Quería darle una oportunidad, de verdad pensaba que yo le gustaba. No quería creerme lo que decían de él, tenía esperanzas de que fuera distinto pero ya veo que no.

-No sé que decirte Caroline, ya te lo advertí.

-Alomejor no era nadie, además no estamos juntos, no tengo por qué enfadarme, el puede salir con quien quiera, igual que hice yo con Pete.

-En eso tienes razón. Pero, las cosas son distintas, el se pasea cada noche con una chica diferente y no creo que quiera salir contigo de la manera en la que tu quieres, Nick no es de esos.

-Otra vez el dichoso tema. Ya sé que Nick sale con muchas chicas pero si estuviéramos saliendo juntos no lo haría.

-¡Por Dios! No me creo que después de lo que acabas de ver pienses así. Caroline eres más inocente de lo que creía. Ya sé que te gusta dar oportunidades a la gente, que no quieres creer que hay gente mala en el mundo, pero la hay. Además como sabes que esa chica no era novia de Nick ¿eh? Igual no es más que otra de sus víctimas.

-Que no Paul, yo sé que no. No puedo creer que Nick sea así, sobre todo después de lo del disco. Yo sé que sus ojos no mienten, el está siendo sincero, nunca me dijo que no saliera con chicas o que yo le gustara, eso sólo son conclusiones que yo saqué. Seguramente ni siquiera le gusto y quiere ser simpático conmigo, nada más.

-Eso, tú sigue viviendo en tu mundo feliz y con pajaritos que ya verás que bien te va. Tienes que darte cuenta de una vez Caroline; Nick es un capullo, no quiere contigo nada distinto de lo que quiere con las demás.

-Perdona que interrumpa- dice un camarero- pero es que ya están listas las pizzas.

-Muchas gracias- dicen Caroline y Paul al unísono.

Tras una cena en silencio, Caroline y Paul vuelven de camino a casa. Al llegar a una esquina, se despiden y cada uno se dirige hacia su respectivo hogar.

Nada más llegar a casa Caroline enciende el ordenador y ve un mensaje de Pete que dice: “Caroline, siento mucho lo que ha sucedido esta tarde. De verdad no quería enfadarme pero me sentó muy mal lo que me dijiste. Yo no soy cómo tú te crees, no me gusta que la gente juegue con mis sentimientos. Es cierto que no te conozco lo suficiente, realmente apenas te conozco pero es que no puedo evitar el sentirme atraído por ti. Espero que me des otra oportunidad y volvamos a tocar juntos algún día. Besos. Pete”

Caroline decide no contestarle, prefiere ir a su casa y hablar con el directamente, aunque este mensaje significa mucho para ella. Verdaderamente se estaba equivocando con Pete, no parecía mal chico después de todo. Volvería a quedar con él, sí, ya lo había decidido. Mañana mismo iría a su casa y hablarían, tocarían la guitarra, se reirían y serían buenos amigos. Pero no podía dejar de pensar en Nick. Nick, Nick, Nick… ¿por qué no podía quitárselo de la cabeza si sabía que era un maldito cabrón? No podía ser tan tonta, tenía que abrir los ojos.

viernes, 4 de julio de 2008

Red Boots

Capítulo 4

-¡Wow! ¡Tu casa es enorme!- exclama Caroline.

-Es lo que tiene ser rico y famoso.

-Tú no eres nada de eso.

-Ya, pero mi padre sí. Bueno vamos para mi cuarto.

Ambos suben juntos las escaleras y atraviesan un largo pasillo lleno de habitaciones. Por fin, tras una puerta roja se encuentra la habitación de Pete.

-Adelante- invita Pete abriendo la puerta.

-Pete, me has decepcionado…me imaginaba tu habitación toda llena de pósters, guitarras… ¡y lo único que tienes son libros!

En la habitación había varias estanterías llenas de libros perfectamente ordenados. Junto a la cama se encontraba la guitarra de Pete y apenas había decoración en el cuarto.

-Mujer, es que mi espacio vital está en otro sitio de la casa, escondido para que nadie toque nada…algún día te llevaré a mi pequeño santuario, pero de momento te conformas con esto.

-¡Qué malo eres! Y después quieres que te conozca…

-Mujer, así ya sabes que me gusta la lectura.

-En eso tienes razón y es un gran punto a tu favor pero realmente como sé que no tienes todos esos libros para decorar y que tus padres crean que eres una persona decente ¿eh?

-Es lo que tiene la confianza y tú confías en mí.

-¡Pero que cara tienes! En fin…dejémoslo pasar y vamos a lo nuestro.

-Es verdad…voy a ir a mi santuario a por otra guitarra para ti. No te vayas ¿eh?

Nada más salir Pete por la puerta, Caroline se va directa a las grandes estanterías para cotillear los libros. La mayoría los tiene ella también, o al menos los ha leído. Tras examinar los libros se acerca a la mesita de noche de Pete y abre un cajón…

-Condones, cómo no…era de esperar- piensa.

Abre un segundo cajón, más grande que el anterior y encuentra un pequeño peluche con forma de rana.

-¿Has visto los condones verdad?- dice Pete irrumpiendo en la habitación.

-¡Que susto por Dios! Y sí, los he visto.

-¿No te han dicho que no se debe mirar en cajones ajenos?

-Sí, pero también me dijeron que no hablara con desconocidos y mira…

-¿Por qué siempre tienes repuesta para todo?

-Algún día te lo contaré. Y ahora ¡toca!

-No, no, tocamos juntos.

-No, yo primero quiero escucharte a ti solo.

-Está bien, haré lo que me pidas encantadora dama.

Pete, coge su guitarra y comienza a tocar una de las canciones favoritas de Caroline. Nada más sonar la primera nota, Caroline observa fijamente los dedos de Pete, tiene unas manos preciosas y sus dedos se mueven ágilmente por las cuerdas. El ritmo es más rápido y sus dedos se mueven con velocidad acariciando las cuerdas. Caroline no puede apartar la mirada de Pete, éste se da cuenta y le dedica una sonrisa. Ahora que lo piensa…Pete no es tan malo como creía. Sin pensárselo dos veces, Caroline coge la otra guitarra y se pone a tocar con Pete, los dos se dejan llevar por la música. La canción que estaban tocando termina y Pete toca un par de acordes, Caroline le imita y poco a poco sin darse cuenta va surgiendo una nueva canción. Es una canción rápida, con mucho ritmo que en el fondo representa el sonido de sus corazones. Caroline, se da cuenta de esto y a pesar de ello, continúa tocando, por una vez quiere dejarse llevar y no pensar. Siguen tocando durante un rato y finalmente es Pete quien deja la guitarra.

-No tocas tan mal, aunque quizás debería darte unas clases particulares para que mejores… -dice Pete bromeando.

-¿Te has fijado en lo que hemos hecho?

-¿El qué? ¿Tener sexo musical?

-Eres tonto…No, hemos compuesto una canción.

-Es cierto, la llamaré “Queda conmigo otro día”.

-¿Es una indirecta?

-¿Quién dijo que fuera para ti

-Vale…pensaba decirte que sí pero ahora…

-Si al final has caído en mis redes- dice Pete dándole con un dedo en la mejilla a Caroline.

-Más quisieras. Lo único que decía era que podíamos quedar otro día para tocar o algo, como amigos.

-¡Bien! Me has elevado de categoría, de ser un simple desconocido he pasado a ser tu amigo. Mi próximo objetivo es ser tu novio.

-No te pases y márcate objetivos que puedas cumplir.

-Ya verás como lo consigo.

-En tus sueños quizás.

-Niña, ¿pero tú por qué eres tan borde?

-El mundo me ha hecho así.

-Anda abre la boca y cierra los ojos.

-¿Me ves cara de hacerte caso?

-Venga mujer que no es lo que te piensas.

-Está bien.

Caroline abre la boca un tanto desconfiada y cierra los ojos. En ese instante, se escucha un portazo. Cuando Caroline abre los ojos, Pete ya no está allí.

-¡Maldito cabrón! Todo por dejarme como a una tonta…ahora se va a enterar.

Caroline sale corriendo del cuarto y se dirige hacia las escaleras cuando alguien le da un golpe en la espalda.

-¡Cucú!- le grita Pete.

-¡Ah! ¡Idiota!- dice Caroline golpeándole.

-Oye no me pegues, que te quedas sin sorpresa.

-¿Qué sorpresa?- pregunta Caroline.

Pete le tapa los ojos a Caroline con las manos y la ayuda a bajar las escaleras. Continúan andando y al fin, Pete deja ver a Caroline.

-Tachán! Todo esto es para ti- dice Pete.

-Dios mío, que de chocolate.

Ante los ojos de Caroline aparece una gran estantería llena de toda clase de chocolates.

-Es que a mi madre le gusta mucho, pero como no está puedes comer lo que quieras.

-No hombre…

-Que sí tonta. Mira, este es mi preferido- dice Pete cogiendo una tableta con papel rojo y dorado. La abre y le da un trozo a Caroline.

-Uff…con caramelo. ¡Me encanta!- dice Caroline, que en un efusivo momento de cariño se lanza sobre Pete para abrazarlo.

Sus miradas se encuentran y sin saber cómo, Caroline se acerca a Pete y lo besa. Es un beso dulce, con sabor a chocolate, como deberían de ser todos los besos.

-¡Perdona Pete! Yo no quería…

-Sí que querías- la interrumpe Pete.

-¿Qué le has echado al chocolate? ¡Esta no soy yo! Lo siento, tengo que irme.

-Caroline, no te pongas así, no es nada malo.

-Sí, es muy malo, no debería haberlo hecho. ¡Tú ni siquiera me gustas! ¡No eres nada para mí!

-Está bien, si lo que quieres es eso, pues vete.

-Pero Pete…

-No, no, vete, de verdad. No sé ni por qué te he invitado a venir si ya sabía que estabas coladita por el imbécil ese.

-Yo no estoy colada por Nick.

-Claro y yo por ti tampoco, así que es mejor que te vayas.

-Por favor Pete, lo siento.

-No quiero que te veas obligada a estar conmigo, deberías irte, es tarde ya.

-¿Volveremos a vernos?

-Quizás. Pero no seré yo quien vaya a buscarte.

Caroline arrepentida por lo que ha dicho, coge sus cosas y se marcha. Necesita hablar con Paul, pero no tiene ganas de discutir de nuevo con él así que decide que lo mejor será irse sola a casa y quedarse allí, pensando en lo sucedido y escuchando música. Sí, la música era lo único que podía ayudarla en este momento.