Capítulo 4
-¡Wow! ¡Tu casa es enorme!- exclama Caroline.
-Es lo que tiene ser rico y famoso.
-Tú no eres nada de eso.
-Ya, pero mi padre sí. Bueno vamos para mi cuarto.
Ambos suben juntos las escaleras y atraviesan un largo pasillo lleno de habitaciones. Por fin, tras una puerta roja se encuentra la habitación de Pete.
-Adelante- invita Pete abriendo la puerta.
-Pete, me has decepcionado…me imaginaba tu habitación toda llena de pósters, guitarras… ¡y lo único que tienes son libros!
En la habitación había varias estanterías llenas de libros perfectamente ordenados. Junto a la cama se encontraba la guitarra de Pete y apenas había decoración en el cuarto.
-Mujer, es que mi espacio vital está en otro sitio de la casa, escondido para que nadie toque nada…algún día te llevaré a mi pequeño santuario, pero de momento te conformas con esto.
-¡Qué malo eres! Y después quieres que te conozca…
-Mujer, así ya sabes que me gusta la lectura.
-En eso tienes razón y es un gran punto a tu favor pero realmente como sé que no tienes todos esos libros para decorar y que tus padres crean que eres una persona decente ¿eh?
-Es lo que tiene la confianza y tú confías en mí.
-¡Pero que cara tienes! En fin…dejémoslo pasar y vamos a lo nuestro.
-Es verdad…voy a ir a mi santuario a por otra guitarra para ti. No te vayas ¿eh?
Nada más salir Pete por la puerta, Caroline se va directa a las grandes estanterías para cotillear los libros. La mayoría los tiene ella también, o al menos los ha leído. Tras examinar los libros se acerca a la mesita de noche de Pete y abre un cajón…
-Condones, cómo no…era de esperar- piensa.
Abre un segundo cajón, más grande que el anterior y encuentra un pequeño peluche con forma de rana.
-¿Has visto los condones verdad?- dice Pete irrumpiendo en la habitación.
-¡Que susto por Dios! Y sí, los he visto.
-¿No te han dicho que no se debe mirar en cajones ajenos?
-Sí, pero también me dijeron que no hablara con desconocidos y mira…
-¿Por qué siempre tienes repuesta para todo?
-Algún día te lo contaré. Y ahora ¡toca!
-No, no, tocamos juntos.
-No, yo primero quiero escucharte a ti solo.
-Está bien, haré lo que me pidas encantadora dama.
Pete, coge su guitarra y comienza a tocar una de las canciones favoritas de Caroline. Nada más sonar la primera nota, Caroline observa fijamente los dedos de Pete, tiene unas manos preciosas y sus dedos se mueven ágilmente por las cuerdas. El ritmo es más rápido y sus dedos se mueven con velocidad acariciando las cuerdas. Caroline no puede apartar la mirada de Pete, éste se da cuenta y le dedica una sonrisa. Ahora que lo piensa…Pete no es tan malo como creía. Sin pensárselo dos veces, Caroline coge la otra guitarra y se pone a tocar con Pete, los dos se dejan llevar por la música. La canción que estaban tocando termina y Pete toca un par de acordes, Caroline le imita y poco a poco sin darse cuenta va surgiendo una nueva canción. Es una canción rápida, con mucho ritmo que en el fondo representa el sonido de sus corazones. Caroline, se da cuenta de esto y a pesar de ello, continúa tocando, por una vez quiere dejarse llevar y no pensar. Siguen tocando durante un rato y finalmente es Pete quien deja la guitarra.
-No tocas tan mal, aunque quizás debería darte unas clases particulares para que mejores… -dice Pete bromeando.
-¿Te has fijado en lo que hemos hecho?
-¿El qué? ¿Tener sexo musical?
-Eres tonto…No, hemos compuesto una canción.
-Es cierto, la llamaré “Queda conmigo otro día”.
-¿Es una indirecta?
-¿Quién dijo que fuera para ti
-Vale…pensaba decirte que sí pero ahora…
-Si al final has caído en mis redes- dice Pete dándole con un dedo en la mejilla a Caroline.
-Más quisieras. Lo único que decía era que podíamos quedar otro día para tocar o algo, como amigos.
-¡Bien! Me has elevado de categoría, de ser un simple desconocido he pasado a ser tu amigo. Mi próximo objetivo es ser tu novio.
-No te pases y márcate objetivos que puedas cumplir.
-Ya verás como lo consigo.
-En tus sueños quizás.
-Niña, ¿pero tú por qué eres tan borde?
-El mundo me ha hecho así.
-Anda abre la boca y cierra los ojos.
-¿Me ves cara de hacerte caso?
-Venga mujer que no es lo que te piensas.
-Está bien.
Caroline abre la boca un tanto desconfiada y cierra los ojos. En ese instante, se escucha un portazo. Cuando Caroline abre los ojos, Pete ya no está allí.
-¡Maldito cabrón! Todo por dejarme como a una tonta…ahora se va a enterar.
Caroline sale corriendo del cuarto y se dirige hacia las escaleras cuando alguien le da un golpe en la espalda.
-¡Cucú!- le grita Pete.
-¡Ah! ¡Idiota!- dice Caroline golpeándole.
-Oye no me pegues, que te quedas sin sorpresa.
-¿Qué sorpresa?- pregunta Caroline.
Pete le tapa los ojos a Caroline con las manos y la ayuda a bajar las escaleras. Continúan andando y al fin, Pete deja ver a Caroline.
-Tachán! Todo esto es para ti- dice Pete.
-Dios mío, que de chocolate.
Ante los ojos de Caroline aparece una gran estantería llena de toda clase de chocolates.
-Es que a mi madre le gusta mucho, pero como no está puedes comer lo que quieras.
-No hombre…
-Que sí tonta. Mira, este es mi preferido- dice Pete cogiendo una tableta con papel rojo y dorado. La abre y le da un trozo a Caroline.
-Uff…con caramelo. ¡Me encanta!- dice Caroline, que en un efusivo momento de cariño se lanza sobre Pete para abrazarlo.
Sus miradas se encuentran y sin saber cómo, Caroline se acerca a Pete y lo besa. Es un beso dulce, con sabor a chocolate, como deberían de ser todos los besos.
-¡Perdona Pete! Yo no quería…
-Sí que querías- la interrumpe Pete.
-¿Qué le has echado al chocolate? ¡Esta no soy yo! Lo siento, tengo que irme.
-Caroline, no te pongas así, no es nada malo.
-Sí, es muy malo, no debería haberlo hecho. ¡Tú ni siquiera me gustas! ¡No eres nada para mí!
-Está bien, si lo que quieres es eso, pues vete.
-Pero Pete…
-No, no, vete, de verdad. No sé ni por qué te he invitado a venir si ya sabía que estabas coladita por el imbécil ese.
-Yo no estoy colada por Nick.
-Claro y yo por ti tampoco, así que es mejor que te vayas.
-Por favor Pete, lo siento.
-No quiero que te veas obligada a estar conmigo, deberías irte, es tarde ya.
-¿Volveremos a vernos?
-Quizás. Pero no seré yo quien vaya a buscarte.
Caroline arrepentida por lo que ha dicho, coge sus cosas y se marcha. Necesita hablar con Paul, pero no tiene ganas de discutir de nuevo con él así que decide que lo mejor será irse sola a casa y quedarse allí, pensando en lo sucedido y escuchando música. Sí, la música era lo único que podía ayudarla en este momento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario